Consumos domésticos, pobreza energética y cambio climático

Equipo
Jueves, Febrero 20, 2014

Desde 1990 con la publicación del Primer Informe de Evaluación, el IPCC ha ido clarificando de forma cada vez más firme las vinculaciones existentes entre el CC y la actividad humana. Desde este punto de vista, la alteración del clima global está estrechamente ligada a la producción y al consumo intensivo de energía de origen fósil. A su vez, el consumo de energía se conecta, a través de una flecha de doble dirección, con estilos de vida devoradores de carbono que tienden a universalizarse cada vez más. Lo que parece un esquema relativamente simple de cara a la puesta en práctica de soluciones, se convierte en un fenómeno extremadamente complejo si se tiene en cuenta el conjunto de variables e intereses que condicionan las políticas públicas, el funcionamiento de los mercados, las prácticas cotidianas y los discursos vinculados a ellas.

Los datos muestran profundas desigualdades en cuanto al origen de las emisiones de gases de efecto invernadero causantes del CC. También es y será diferente la intensidad con que cada sociedad sufra las consecuencias presentes y futuras de la crisis climática. Mientras que los países más desarrollados son responsables de gran parte de las emisiones, los habitantes de países en vías de desarrollo sufrirán los efectos en mayor medida (PNUD, 2007). Incluso dentro de un mismo país, la responsabilidad en las causas y los riesgos asociados al CC puede variar según el poder adquisitivo, la edad o el lugar de residencia de sus habitantes (Core Writing Team, Pachauri & Reisinger, 2007).

Si bien el consumo excesivo de energía procedente de fuentes fósiles es la causa primaria del CC, en muchas sociedades la falta de acceso a fuentes de energía que cubran las necesidades fundamentales limita la calidad de vida de las personas y esto no sucede solo en países subdesarrolados. El consumo energético de los hogares representa en torno al 30% del consumo total en España (IDAE, 2011), destinándose el 18% a la vivienda y el 12% restante al automóvil. En el conjunto de gasto, la calefacción supone el 46% de la demanda energética en un hogar, es decir, en términos económicos compromete buena parte del gasto asociado al consumo de energía en una familia. En los últimos años, como consecuencia de la crisis, el consumo energético de los hogares no sigue una tendencia ascendente, mermando incluso la calidad de vida de muchas familias. Pero, en conjunto, los consumos domésticos y el transporte privado siguen siendo fundamentales para entender las prácticas cotidianas y su vinculación con las emisiones difusas de gases de efecto invernadero.

Para el caso español, en 2010 el 12,4% de los hogares tenía que destinar más del 10% de sus ingresos anuales a gastos de energía en la vivienda, es decir, se encontraban por debajo del umbral que define la situación de “pobreza energética” (Asociación de Ciencias Ambientales, 2012). En 2012, este mismo estudio estima que dicha situación alcanzaría a 1 de cada 3 hogares debido, principalmente, a las consecuencias de la crisis (aumento del paro, caída de los ingresos familiares, etc.). Para la Asociación de Ciencias Ambientales, la imposibilidad de hacer frente al gasto energético supone que las viviendas presenten condiciones inadecuadas de temperatura y humedad, estimando que esta situación puede acarrear 2.300 y 9.300 muertes prematuras al año en España.

Portada del Estudio de Pobreza Energética. Potencial de generación de empleo derivado de la rehabilitación energética de viviendas publicado en 2012 por la Asociación de Ciencias Ambientales. Este colectivo propone también la celebración de la semana de la lucha contra la pobreza energética del 17 al 23 de febrero.

Junto a las desigualdades también cabe destacar las contradicciones. A nivel global, las tendencias apuntan hacia un crecimiento, en más de un tercio, de la demanda global de energía hasta 2035. Se espera que el incremento en el nivel de vida en China, India y Oriente Medio (International Energy Agency-IEA, 2012) vendrá irremediablemente ligado a un mayor consumo energético. Tal aumento será posible gracias a una mayor extracción de carbón y, en menor medida, de petróleo. Para la IEA, las energías renovables deberían cubrir la mitad de la oferta de energía eléctrica. Pero, en el mismo informe, la IEA señala que la inversión en fuentes renovables o en eficiencia energética es en la actualidad insuficiente para garantizar un escenario futuro de mayor consumo energético. El mercado internacional de carbón, según IEA, seguirá aumentando hasta 2020, lo que tiene una traducción directa en más emisiones de gases de efecto invernadero.

Podría pensarse que la mayor producción de energía ayudaría a paliar la “pobreza energética” y a avanzar en la consecución de un acceso universal a las energías sostenibles, como ha reivindicado la ONU en 2012. Sin embargo, las estimaciones hablan de que 1.000 millones de personas continuarán sin electricidad en 2030, y que 2.600 millones, la misma cifra que hoy en día, seguirán sin instalaciones modernas de cocina. Salvo que se venzan las inercias establecidas hasta el momento, las próximas décadas parecen condicionadas tanto por un suministro energético más incierto que el actual y una mayor demanda, como por la apuesta insuficiente por la reducción de combustibles fósiles a favor de las renovables y el consiguiente aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero.

*Texto extraído de Meira, P.A. (Dir.); Arto, M.; Heras, F.; Iglesias, L. & Montero, P. (2013). La respuesta de la sociedad española ante el cambio climático. Madrid: FUNDACIÓN MAPFRE.

 

REFERENCIAS

Asociación de Ciencias Ambientales (2012). Estudio de Pobreza Energética. Potencial de generación de empleo derivado de la rehabilitación energética de viviendas. Madrid: Autor.

Core Writing Team, Pachauri, R.K. & Reisinger, A. (Eds.) (2007). Contribution of Working Groups I, II and III to the Fourth Assessment Report of the Intergovernmental Panel on Climate Change. Geneva: IPCC. Documento electrónico: https://www.ipcc.ch/publications_and_data/ar4/syr/en/spm.html (última consulta: 15 de enero de 2013).

IDAE (2010). Guía Práctica de la Energía. Consumo eficiente y responsable (3ª edición) Madrid: Ministerio de Industria, Turismo y Comercio. (versión online). Documento electrónico: http://dl.idae.es/Publicaciones/11046%20Guia%20Practica%20Energia%203%20Ed.rev%20y%20actualizada%20A2011.pdf (última consulta: 15 de enero de 2013).

International Energy Agency (2012). World Energy Outlook 2012. París: IEA (resumen ejecutivo, versión online). Documento electrónico: http://www.iea.org/publications/freepublications/publication/Spanish.pdf (última consulta: 15 de enero de 2013).

PNUD (2007). Informe sobre Desarrollo Humano 2007-2008. La lucha contra el cambio climático: solidaridad en un mundo dividido. Nueva York: Autor (versión online). Documento electrónico: http://hdr.undp.org/en/content/human-development-report-20078 (última consulta: 15 de enero de 2013).

Remortajes de interés emitidos recientemente en los medios de comunicación españoles:

http://www.lasexta.com/videos-online/programas/sexta-columna/pobreza-energetica-nuevo-drama-tiempos-crisis_2014020700220.html

http://www.rtve.es/alacarta/videos/repor/repor-dos-velas/2393851/

http://www.atresplayer.com/television/programas/salvados/temporada-8/capitulo-3-ciudadanos-que-pueden-pagar-energa_2014021400376.html